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El amor primordial: recordar la fuerza que nos sostiene


Quiero contarte algo que, aunque lo he estudiado durante años, solo he podido comprender de verdad cuando lo he sentido en mi propia vida: el amor primordial es la fuerza que sostiene la creación. Y no hablo del amor romántico, ni del amor idealizado, ni siquiera del amor como emoción. Hablo de una vibración sutil y poderosa que respira detrás de todo: detrás de cada amanecer, de cada latido, de cada intento de crecer… incluso detrás de esos momentos en los que sentimos que todo se desmorona.


Hace unos días, mientras regaba mis plantas, volví a recordarlo. Hay algo en la manera en que una hoja brota después de un día de lluvia, o en la forma en que una raíz encuentra su camino aunque no tenga claridad de hacia dónde va. Cada mañana las veo crecer como si la vida misma me recordara su empeño silencioso. Y ahí entendí otra vez que el amor primordial no es algo que sentimos: es algo que nos sostiene, incluso cuando no somos conscientes de ello. Es el amor arquetipal del que hablan las tradiciones antiguas: el que da vida, sostiene la vida y también permite que la vida se transforme.


El amor primordial como principio hermético


El amor primordial no es solo una energía espiritual; es un principio de orden universal, y está profundamente conectado con lo que Hermes enseñó: “Como es arriba es abajo; como es abajo es arriba.”


Este amor mantiene la coherencia del macrocosmos y del microcosmos. Lo que vibra en el universo vibra en nuestra alma, y lo que elaboramos en nuestro interior afecta la trama de la creación. Es un principio que podemos observar en la naturaleza, en la astrología, en el cuerpo humano, en las mareas, en los vínculos y en nuestra conciencia.


Y es desde ese amor primordial que surge la danza eterna entre las polaridades.


La danza entre las polaridades


Desde esta fuerza nace una danza eterna entre lo que llamamos energía masculina y energía femenina. No como estereotipos de género, sino como movimientos esenciales de las energías psíquicas que configuran a todos los seres humanos:


  • una dirige,

  • la otra acoge;

  • una impulsa,

  • la otra da forma.


Ambas son expresiones del mismo amor arquetipal. Y cuando estas dos se encuentran dentro de nosotros en un equilibrio vivo, algo muy simple —pero muy profundo— empieza a suceder: sentimos que pertenecemos a la vida tal como es, sin tanta lucha y sin tanta resistencia.


Seguramente lo has vivido: ese día en el que todo fluye sin explicación, o ese instante en medio del caos en el que aparece una claridad suave que no estabas buscando. Ese es el amor primordial trabajando desde dentro, recordándote que la vida siempre sabe por dónde abrirte camino.


El amor como proceso de autocorrección


La Kabbalah lo explica de una manera preciosa: autocorregirnos es amarnos.

No es una obligación moral ni un deber espiritual; es un movimiento natural del alma que quiere volver a su origen luminoso. La autocorrección (tikkún) es permitirnos mirar nuestras sombras, nuestros errores, nuestras reacciones automáticas y nuestras heridas… no para castigarnos, sino para integrarnos.


El amor primordial tiene todo el tiempo del universo para este proceso. Por eso hablamos de reencarnación: volvemos una y otra vez para continuar el aprendizaje, para completar lo que quedó pendiente, para liberar lo que se estancó y para expandir lo que sí pudo florecer.


La Tierra no es un castigo. La Tierra es la escuela del alma. Un lugar donde venimos a experimentar, fallar, levantarnos, aprender, amar y seguir perfeccionándonos.


La semilla divina: el átomo permanente o la bellota


Cada ser humano encarna con una chispa divina, una pequeña partícula del amor primordial que sostiene nuestra existencia espiritual. Esa chispa es lo que las tradiciones esotéricas llaman átomo permanente o átomo simiente. Hillman lo llamó “la bellota”: la semilla totipotencial que contiene todo lo que podemos llegar a ser. También se conoce como el sol interior.


Así como dentro de una bellota está todo el roble, dentro de ti está toda la información de tu proyecto espiritual. Tus dones, tu vocación, tus retos, tus aprendizajes, tus tiempos, tu forma de amar, de crear, de relacionarte, de sanar.


Pero una semilla no florece sola. Necesita cultivo:


  • agua para la emoción y el movimiento,

  • tierra para la encarnación y la materialización,

  • fuego para el deseo y la pasión,

  • aire para la conciencia y la comunicación.


Necesita paciencia, tiempo, sol, estaciones, sombra, silencios. Necesita exactamente lo mismo que tú: un ambiente amoroso que permita que tu diseño interno despierte y se exprese.


El amor primordial en la vida cotidiana


Esta fuerza se manifiesta en nuestras relaciones, en las lecciones difíciles, en los ciclos que se repiten hasta que comprendemos su mensaje.


Cuando estamos alineados con este amor, incluso los desafíos cambian de textura:


  • Una discusión deja de ser amenaza y se vuelve espejo.

  • Un fracaso deja de sentirse como sentencia y se convierte en brújula.

  • La soledad deja de ser vacío y se transforma en espacio fértil.


No es magia. Es conciencia de sí misma vibrando.


Los astros como resonadores del amor primordial


Siempre digo que los astros no obligan; resuenan. Esa resonancia es como un eco del amor primordial, una vibración que amplifica procesos internos que ya están en nosotros. Cuando estudiamos un mapa astrológico, no miramos destino ni predicción: miramos cómo la Divinidad conversa con nuestra alma desde el inicio de la vida, ofreciéndonos pistas, ritmos y sincronías para nuestro proceso evolutivo.


Cada luminaria y cada planeta es un mensajero arquetípico que expresa una dimensión del amor primordial en nuestra experiencia humana:


Luminarias


El Sol revela la esencia, el propósito y la dirección vital de nuestra chispa divina.

La Luna nos muestra cómo necesitamos cuidar y ser cuidados, y cómo buscamos seguridad emocional.


Planetas personales


Mercurio expresa cómo pensamos, comprendemos y comunicamos nuestra verdad interna.

Venus nos habla del valor propio, del deseo de armonía y de la forma en que amamos.

Marte muestra nuestra energía vital, nuestros límites y el impulso para afirmarnos en el mundo.


Puente evolutivo


Quirón revela el punto exacto donde la herida se convierte en maestra, donde lo vulnerable se transforma en sabiduría de servicio.


Planetas sociales


Júpiter expande nuestra conciencia y nos muestra dónde crecemos con confianza.

Saturno nos enseña dónde maduramos, nos responsabilizamos y construimos estructura interior.


Planetas transgeneracionales


Urano despierta la autenticidad y la libertad interior, cortando viejos patrones.

Neptuno diluye las fronteras del ego y abre la sensibilidad espiritual.

Plutón revela la sombra profunda y nos guía por procesos de transformación y renacimiento.


Cada uno de estos cuerpos celestes es un puente entre el cielo y tu historia humana. Un recordatorio de que el amor primordial se expresa a través de símbolos, ritmos y movimientos que acompañan tu propio viaje de integración.


El amor primordial como camino de despertar


Vivir desde esta fuerza implica recordar que no estamos separados de la fuente divina. Somos expresiones únicas de ella, cada una con un ritmo, una historia interna, una memoria del alma y un proyecto espiritual que pide ser vivido con dignidad.


Cuando nos acercamos a este amor —desde la meditación, el silencio, el duelo, una conversación honesta o un momento de lucidez— algo cambia:


  • Se suaviza la resistencia.

  • Disminuye el miedo.

  • Aparece una claridad nueva.

  • Y nuestros vínculos se vuelven más honestos.


Eso es despertar.


Astrología del Amor: un lenguaje para recordar


La Astrología del Amor no es la astrología del romance; es la astrología que nos permite leer cómo vibra el amor primordial en nuestra vida cotidiana: en nuestros vínculos, decisiones, heridas, talentos y aprendizajes.


Cuando sabemos leer ese lenguaje simbólico de la astrología, la vida deja de sentirse como algo que nos sucede y se convierte en un espacio donde podemos participar con presencia y propósito.


Por qué esta es la primera entrada de este blog


Escribo esta primera entrada porque sentí que este blog debía nacer desde el corazón mismo de lo que me inspira: compartir, desde mi alma y desde el Centro GaiAhMa, una propuesta de servicio para la comunidad. Una manera de acercar la astrología no desde el fatalismo ni la predicción, sino como un lenguaje lleno de pistas, claves y códigos que nos ayudan a recordar quiénes somos, para qué vinimos y cómo ese amor que nos sostiene está siempre ahí, incluso cuando no lo vemos.


Esta astrología acompaña un camino psicoespiritual no religioso, pero profundamente conectado con la conciencia y con esa inteligencia amorosa que Hellinger llamó Lo Más Grande: un campo cuántico de amor que vibra en todo cuanto existe y sostiene la vida en el macrocosmos y en el microcosmos.


Desde ahí nace esta propuesta: como un puente para que cada vez más seres humanos puedan integrar este conocimiento en su día a día y caminar con más claridad, más libertad interior y más amor.


Cada semana encontrarás aquí una nueva entrada del blog, abierta y gratuita, como parte de este servicio a la comunidad. Mi deseo es que estos contenidos te acompañen, te inspiren y te recuerden que tu viaje espiritual siempre está en movimiento.


En amor, servicio y aprendizaje.


Si deseas profundizar en tu viaje…


Si esta lectura resonó contigo y sientes el llamado de comprender tu mapa espiritual astrológico de una manera más viva, acompañada y aplicada a tu vida, puedes explorar nuestras dos membresías:


Iniciación en la Astrología del Amor


Un espacio grupal semanal para aprender el lenguaje simbólico de la astrología del alma, reconocer tu proyecto espiritual y comenzar a integrar sus claves en tu día a día.




Encarnación de la Astrología del Amor


Incluye el espacio grupal y, además, un encuentro personal mensual para trabajar tu carta natal, tus procesos internos y las preguntas que nacen de tu propio viaje.



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